Caza Menor

Los científicos demuestran que los cazadores tienen razón: permitir cazar la tórtola puede ayudar a recuperar la especie

Un proyecto desarrollado en Extremadura consiguió que el 74 % de los cotos inspeccionados aplicara mejoras en el hábitat. Loraron en un sistema experimental de capturas controladas mediante una aplicación móvil.

Durante años, los cazadores han defendido que prohibir una actividad no basta para recuperar una especie. Sin gestión del territorio, sin agua, sin alimento y sin personas dispuestas a realizar censos y mantener el hábitat, una moratoria puede reducir las capturas, pero no resuelve por sí sola todos los problemas que afectan a la fauna.

Un estudio científico desarrollado en Extremadura aporta ahora datos concretos a ese debate. Sus resultados muestran que vincular las oportunidades de caza al cumplimiento de compromisos de conservación puede animar a propietarios y gestores cinegéticos a implicarse directamente en la recuperación de la tórtola europea.

El trabajo, publicado en línea en abril de 2026 y asignado al número de agosto de la revista científica Journal for Nature Conservation, analiza los resultados de un proyecto piloto realizado entre 2020 y 2024. Su conclusión principal no es que cazar más ayude automáticamente a la especie, sino que la posibilidad de recuperar un aprovechamiento cinegético puede utilizarse como incentivo para mejorar el hábitat, realizar seguimientos y controlar las capturas. no era un derecho automático

El planteamiento del proyecto era sencillo, aunque exigente: los cotos que quisieran optar a futuras autorizaciones debían demostrar que estaban trabajando por la tórtola.

No bastaba con presentar una solicitud y esperar un cupo. Los gestores tenían que efectuar censos, aplicar medidas de mejora del hábitat y colaborar en un sistema de seguimiento de las capturas. La caza quedaba integrada así dentro de un modelo de gestión adaptativa en el que las decisiones dependían de los datos obtenidos y de la evolución de la población.

La idea de fondo resulta fácil de entender para cualquiera que conozca el campo. Cuando una sociedad de cazadores sabe que su esfuerzo puede permitirle recuperar en el futuro un aprovechamiento sostenible, tiene un motivo tangible para invertir dinero, horas de trabajo y recursos en cuidar la especie y el terreno que ocupa.

Ese incentivo produjo resultados. El 74 % de los cotos inspeccionados aplicó alguna medida de gestión del hábitat, principalmente aportes de agua y alimento. Tras la puesta en marcha del programa también aumentaron otras actuaciones más ligadas al propio terreno, como las siembras destinadas a favorecer a la fauna. oyecto nacido en Extremadura

La investigación se desarrolló dentro del Plan Integral para la Recuperación de la Tórtola, conocido como PIRTE, financiado por la Junta de Extremadura.

La dirección científica correspondió a Fundación Artemisan, con la colaboración de la Federación Extremeña de Caza, la Universidad de León y la Universidad de Extremadura.

El estudio lleva por título Ready for European turtle dove adaptive harvest management? Lessons learned from pilot trials in Extremadura (south-western Spain) y analiza hasta qué punto puede funcionar un sistema que premie con oportunidades cinegéticas a los terrenos comprometidos con la conservación.

Los investigadores buscaban responder a tres cuestiones: si este incentivo provocaba cambios en las medidas realizadas por los cotos, si los cazadores podían colaborar de forma útil en el seguimiento poblacional y si era posible controlar digitalmente un aprovechamiento experimental.

Los resultados fueron positivos, aunque el propio trabajo también deja claro que el modelo necesita mejorar antes de trasladarse a gran escala.

Los cazadores realizaron 665 censos

Uno de los datos más relevantes del proyecto fue la capacidad de movilizar a cazadores y gestores para obtener información sobre la especie.

Entre 2020 y 2024 se realizaron 665 recorridos de censo en 234 cotos extremeños. Estos terrenos representaban aproximadamente el 20 % de los que cazaban tórtolas en la región antes de la moratoria.

Los conteos arrojaron una densidad media de 14,18 tórtolas por kilómetro cuadrado durante el periodo estudiado. Además, los datos recopilados mostraron una tendencia creciente entre 2021 y 2024 dentro de la zona analizada. significa que ese crecimiento pueda atribuirse exclusivamente a las actuaciones de los cotos. Durante esos años también estuvo vigente la suspensión temporal de la caza en la ruta migratoria occidental y existen otros factores que influyen en la población.

Lo que sí demuestra el proyecto es que los cazadores pueden generar una cantidad considerable de información sobre el terreno. Su presencia habitual en los cotos permite detectar cambios en la abundancia, conocer la distribución de las aves y aportar datos que resultarían mucho más difíciles y costosos de conseguir únicamente con personal profesional.

Es la función que desde el sector se ha descrito muchas veces como la de los “centinelas del campo”: personas que pisan el territorio de manera continuada y pueden colaborar en el seguimiento de lo que sucede en él.

Agua, alimento y actuaciones agrícolas

La tórtola europea no se recuperará únicamente controlando el número de aves abatidas. La pérdida y degradación del hábitat continúa siendo uno de sus principales problemas.

La intensificación agrícola, la desaparición de zonas adecuadas para alimentarse, la falta de semillas disponibles y la reducción de puntos de agua han perjudicado a la especie durante las últimas décadas. Por ello, el proyecto extremeño prestó especial atención a lo que se hacía dentro de cada coto.

Las actuaciones más frecuentes fueron la colocación y el mantenimiento de bebederos, el suministro de alimento y la creación de zonas donde las aves pudieran encontrar recursos durante las etapas más delicadas del ciclo reproductor.

También se realizaron siembras y otras intervenciones agrícolas. Estas medidas requieren más planificación que limitarse a llenar un comedero, pero pueden producir una mejora más profunda y duradera del hábitat.

Los investigadores consideran que los futuros sistemas de autorización deberían valorar no solo si un coto realiza actuaciones, sino también la calidad del terreno y la intensidad real de la gestión. No todas las medidas tienen el mismo efecto ni todos los espacios ofrecen las mismas condiciones para la especie.

De esta forma, las oportunidades cinegéticas podrían dirigirse hacia aquellos terrenos que acrediten un beneficio concreto para la tórtola, en lugar de repartirse únicamente a partir de requisitos generales.

Una sola jornada de caza y capturas registradas al momento

El proyecto incluyó también una experiencia de aprovechamiento experimental. La caza se autorizó durante una única jornada por temporada en 37 cotos a lo largo del periodo analizado.

Las capturas no podían comunicarse varios días después mediante una estimación o una declaración escrita. Cada ejemplar tenía que registrarse utilizando una aplicación para teléfonos móviles.

La prueba permitió comprobar que las herramientas digitales pueden facilitar un conocimiento mucho más rápido de las capturas. Este tipo de sistemas permite que administraciones y equipos científicos sepan cuántas aves se han abatido y puedan detener el aprovechamiento cuando se alcance el cupo establecido.

Es uno de los pilares de la gestión adaptativa: autorizar una extracción limitada, medir sus efectos y revisar las decisiones según la evolución de la población.

Aplicaciones como el Precinto Digital de Caza pueden resultar útiles para este propósito, aunque los autores advierten de que todavía es necesario facilitar su utilización y conseguir que los participantes comuniquen los datos de forma homogénea.

El sistema funcionó, pero la participación fue limitada

El estudio no oculta las dificultades encontradas. Aunque en las primeras convocatorias hubo alrededor de 180 solicitudes, menos de 40 cotos por año consiguieron cumplir todos los requisitos.

La principal carencia fue la falta de censos. En 2024, únicamente 35 terrenos permanecían dentro del inventario, frente a los 1.033 cotos que cazaban la especie antes de la moratoria. o resulta importante porque muestra que no basta con anunciar que se premiará la conservación. El sistema debe ser comprensible, disponer de herramientas fáciles de utilizar y contar con un seguimiento capaz de comprobar que las actuaciones se realizan realmente.

El modelo extremeño ha servido para localizar un núcleo de cotos especialmente comprometidos, pero ampliarlo al conjunto del territorio exigirá más coordinación, formación y control.

También será necesario evitar que las medidas se conviertan en un simple trámite administrativo. Colocar un bebedero o declarar una siembra no debería garantizar automáticamente una autorización. Lo relevante es que la actuación tenga utilidad para la especie y pueda comprobarse.

Una alternativa a las prohibiciones sin gestión

La experiencia no plantea una elección entre cazar sin límites o cerrar completamente la actividad. Lo que propone es un sistema intermedio, controlado y apoyado en información científica.

Las autorizaciones dependerían del estado de la población, los cupos se establecerían de acuerdo con modelos científicos y las capturas se registrarían prácticamente en tiempo real. A cambio, los cotos tendrían que censar, cuidar el hábitat y demostrar que cumplen las condiciones establecidas.

Este planteamiento convierte al cazador en una parte activa de la recuperación, no únicamente en el destinatario de una prohibición.

El valor del proyecto extremeño está precisamente ahí. Demuestra que, cuando existe una posibilidad real de recuperar la caza de forma sostenible, algunos propietarios y gestores responden invirtiendo recursos y colaborando en la obtención de datos.

No todos lo hicieron y el sistema todavía necesita ajustes. Sin embargo, el 74 % de los terrenos inspeccionados aplicó mejoras, se completaron cientos de censos y las capturas experimentales pudieron registrarse digitalmente.

La ciencia no ha demostrado que abatir tórtolas sea la solución para recuperar la especie. Lo que sí ha comprobado es que vincular una caza limitada y controlada al compromiso con la conservación puede generar más gestión, más información y mejores hábitats.

Y eso confirma algo que muchos cazadores llevan años defendiendo: para recuperar una especie no basta con dejar de cazarla. También hay que trabajar sobre el terreno, conocer cómo evoluciona y conseguir que quienes gestionan el campo tengan motivos para seguir cuidándolo.