La ropa adecuada, una revisión completa al terminar la jornada y una extracción correcta reducen el riesgo para cazadores y perros
Hay peligros del campo que se anuncian con ruido, movimiento o una señal evidente. Las garrapatas hacen justamente lo contrario. Permanecen entre la vegetación, se adhieren sin que apenas se note y, en muchas ocasiones, solo se descubren varias horas después, al llegar a casa y quitarse la ropa.
Para un cazador, el contacto con zonas de monte bajo, herbazales, siembras, lindes y pasos frecuentados por animales forma parte de cualquier jornada. También lo es entrar en manchas cerradas para buscar una pieza, atravesar zonas de vegetación alta o revisar a los perros después de un cobro.
Todo ello aumenta la posibilidad de encontrarse con estos parásitos.
La mayoría de las picaduras no terminan provocando una enfermedad, pero algunas garrapatas pueden transmitir agentes infecciosos. En España, las enfermedades asociadas con mayor frecuencia a estos artrópodos incluyen algunas rickettsiosis, como la fiebre botonosa mediterránea, y la borreliosis de Lyme. También se han detectado, con menor frecuencia, otras infecciones transmitidas por diferentes especies de garrapata.
Esto no significa que cada garrapata esté infectada ni que toda picadura vaya a causar un problema de salud. Sí significa que quienes pasan muchas horas en el campo deben saber cómo reducir el riesgo, cómo retirarlas correctamente y qué síntomas deben vigilar después.
Un parásito perfectamente adaptado al medio
Las garrapatas son artrópodos que se alimentan de la sangre de animales y personas. Para completar su ciclo necesitan localizar un hospedador al que adherirse durante un periodo de tiempo.
No vuelan ni saltan sobre el cazador desde grandes distancias. Habitualmente esperan en la vegetación y se agarran al paso de una persona o un animal. Una vez sobre el cuerpo, pueden desplazarse hasta encontrar una zona protegida donde fijarse.
Los terrenos con vegetación, presencia de fauna y condiciones ambientales adecuadas ofrecen un entorno favorable. Por eso el riesgo puede ser mayor en zonas frecuentadas por corzos, ciervos, jabalíes, ganado y otros animales silvestres o domésticos.
La actividad de las distintas especies de garrapata cambia según el territorio, el clima y la época del año. Aunque suelen relacionarse especialmente con los meses cálidos, no conviene pensar que desaparecen completamente durante el resto de la temporada.
Para el cazador, la regla útil es sencilla: siempre que se atraviese vegetación o se permanezca en contacto con el suelo y el monte, existe la posibilidad de recoger alguna.
Por qué el cazador tiene una exposición especial
Un paseo por una pista forestal despejada no implica el mismo contacto que una mañana entrando y saliendo de la maleza.
Durante un rececho, una espera, una batida o una jornada de caza menor, el cazador puede rozar durante horas hierbas, jaras, ramas y matorrales. También puede sentarse directamente en el suelo, apoyarse en troncos o atravesar zonas utilizadas habitualmente por la fauna.
El perro incrementa todavía más ese contacto. Trabaja a ras de suelo, entra en la vegetación cerrada y pasa por lugares donde descansan o se desplazan otros animales. Si no se revisa al finalizar, puede llevar garrapatas adheridas al cuerpo o todavía sueltas entre el pelo.
Por ese motivo, la prevención no debe limitarse al momento de salir al campo. Empieza al elegir la ropa, continúa durante la jornada y termina con una revisión completa de personas, perros, prendas y material.
La ropa es la primera barrera
La manera de vestirse puede reducir considerablemente las zonas de piel accesibles.
Lo más recomendable es utilizar pantalones largos, camiseta o camisa de manga larga cuando las condiciones lo permitan y calzado cerrado. Meter el bajo del pantalón dentro del calcetín o de la bota dificulta que una garrapata alcance directamente la pierna.
Las prendas claras facilitan su localización antes de que encuentre una zona donde adherirse. Este tipo de ropa puede resultar poco habitual en determinadas modalidades de caza, pero basta con elegir tonos que permitan distinguir un pequeño punto oscuro durante una revisión.
También conviene evitar dejar demasiado espacio abierto en tobillos, cintura, muñecas y cuello, que son algunas de las vías de entrada más sencillas.
En zonas de vegetación alta, caminar por el centro de los senderos cuando sea posible y reducir el contacto innecesario con hierbas y matorrales también ayuda a disminuir la exposición. Estas medidas forman parte de las recomendaciones preventivas publicadas por el Ministerio de Sanidad.
Repelentes: elegir el producto adecuado
La ropa puede complementarse con repelentes autorizados para uso humano.
Deben aplicarse siguiendo exactamente las instrucciones del fabricante, respetando las zonas de aplicación, la cantidad y el tiempo de protección indicado. No todos los productos son iguales ni están destinados al mismo uso.
No conviene improvisar mezclas caseras ni utilizar sobre la piel productos diseñados exclusivamente para animales, tejidos o superficies.
Las zonas a las que se debe prestar mayor atención son los tobillos, el bajo del pantalón, la cintura y las mangas. Si se utiliza protector solar, hay que consultar las instrucciones para aplicar ambos productos correctamente.
En el caso de prendas tratadas con productos específicos, también debe comprobarse que estén autorizados para ese uso y respetar las indicaciones de lavado, manipulación y duración del tratamiento.
La revisión al terminar es tan importante como la prevención
Una garrapata no siempre se fija inmediatamente. Puede desplazarse durante un tiempo por la ropa o por el cuerpo antes de encontrar un lugar adecuado.
Por eso, revisarse al terminar la jornada permite localizar algunas antes de que lleguen a adherirse.
La comprobación debe hacerse con buena luz y sin prisas. No basta con mirar rápidamente brazos y piernas. Hay que prestar especial atención a:
- Ingles y cintura.
- Axilas.
- Detrás de las rodillas.
- Tobillos y pies.
- Ombligo.
- Espalda.
- Cuello y nuca.
- Detrás de las orejas.
- Cuero cabelludo.
En aquellas zonas que no podemos ver bien, resulta útil pedir ayuda o utilizar un espejo.

También conviene ducharse al regresar y revisar la ropa antes de dejarla sobre una cama, un sofá o junto a otras prendas. Mochilas, chalecos, mantas y fundas utilizadas en el campo pueden transportar ejemplares que todavía no se han fijado.
La revisión debe repetirse durante las horas posteriores si hemos estado en una zona con presencia abundante de garrapatas.
Qué hacer si encuentras una garrapata adherida
Encontrar una garrapata fijada a la piel genera una reacción inmediata: quitarla cuanto antes y de cualquier manera.
La primera parte es correcta. Debe retirarse lo antes posible. La segunda no.
Para extraerla se recomienda utilizar unas pinzas de punta fina. Hay que sujetarla por la zona más próxima posible a la piel y realizar una tracción firme, continua y perpendicular, sin retorcerla ni dar tirones bruscos.
No debe agarrarse por el abdomen, aplastarla mientras permanece adherida o tirar de sus patas. El objetivo es extraerla con la mayor limpieza posible y sin comprimir su cuerpo. Esta es la técnica recogida en las guías sanitarias para actuar ante una picadura.
Una vez retirada, la zona debe limpiarse con agua y jabón y puede aplicarse un antiséptico adecuado. Después hay que lavarse bien las manos y limpiar las pinzas.
Es útil anotar la fecha y el lugar en el que pudo producirse la picadura. También puede fotografiarse la garrapata o conservarse en un recipiente cerrado si un profesional sanitario considera posteriormente necesario identificarla.

Remedios caseros que deben evitarse
Todavía es frecuente escuchar consejos como cubrirla con aceite, alcohol, vaselina, esmalte de uñas o intentar que se desprenda aplicando calor.
No son métodos recomendables.
El Ministerio de Sanidad desaconseja emplear productos o sustancias para intentar asfixiar o irritar a la garrapata antes de su extracción. Tampoco debe quemarse mientras está adherida. Estas maniobras retrasan la retirada y pueden hacer más difícil el procedimiento.
También debe evitarse aplastarla con los dedos después de retirarla. Si se va a desechar, puede introducirse en un recipiente o bolsa cerrada.
La mejor herramienta continúa siendo una pinza fina y una tracción constante.
¿Qué ocurre si queda una parte dentro de la piel?
En ocasiones, después de extraerla puede quedar retenida una pequeña parte de su aparato bucal.
No debe excavarse la piel con agujas, cuchillas u otros objetos, ya que esto aumenta el riesgo de lesión e infección local. Si el resto es visible y puede retirarse fácilmente con unas pinzas limpias, puede intentarse con cuidado. Si no sale con facilidad, lo adecuado es consultar a un profesional sanitario.
La zona debe mantenerse limpia y observarse su evolución.
Que quede una pequeña parte no significa automáticamente que se vaya a transmitir una enfermedad, pero puede provocar irritación o una reacción local.
Qué síntomas deben vigilarse después
Tras retirar una garrapata, la zona puede presentar una pequeña irritación. Lo importante es comprobar si aparece una reacción que aumenta de tamaño o síntomas generales durante los días posteriores.
Debe solicitarse valoración médica si aparecen:
- Fiebre.
- Dolor de cabeza intenso.
- Dolor muscular o articular.
- Cansancio inusual.
- Erupción cutánea.
- Una mancha que se extiende alrededor de la picadura.
- Una lesión oscura o costra negra en la zona.
- Ganglios inflamados.
- Malestar general sin una causa clara.
Algunas enfermedades transmitidas por garrapatas pueden provocar una lesión característica. En la enfermedad de Lyme puede aparecer un enrojecimiento que se expande progresivamente, mientras que determinadas rickettsiosis pueden producir una lesión ulcerada o una costra oscura conocida como “mancha negra”. No todas las personas presentan los mismos signos, por lo que la ausencia de una marca característica no descarta por sí sola una infección.
Al acudir al médico es importante explicar que se ha producido una picadura de garrapata, indicar cuándo se detectó y señalar la zona en la que se desarrolló la actividad.
¿Es necesario tomar antibióticos después de una picadura?
No debe iniciarse un tratamiento antibiótico por cuenta propia.
La necesidad de tratamiento depende del tipo de exposición, los síntomas, el tiempo transcurrido, la zona geográfica y la valoración clínica. La simple presencia de una garrapata no implica que exista una infección.
Tampoco es recomendable utilizar antibióticos que hayan sobrado de tratamientos anteriores ni seguir pautas encontradas en internet.
Ante dudas, síntomas o una extracción complicada, la decisión corresponde a un profesional sanitario.
Cuándo acudir directamente a un centro sanitario
Hay situaciones en las que resulta prudente solicitar ayuda sin intentar resolverlo todo en casa:
- La garrapata se encuentra en un lugar difícil, como el párpado o el interior del oído.
- No puede retirarse correctamente.
- Se han producido varias picaduras.
- La persona presenta fiebre o malestar.
- Aparece una erupción o una lesión que aumenta.
- La zona se infecta, duele cada vez más o supura.
- La persona tiene defensas bajas o una enfermedad que pueda aumentar el riesgo de complicaciones.
- Existen dudas sobre cómo actuar.
Ante síntomas graves, deterioro rápido, confusión, sangrado inusual o un estado general preocupante, debe buscarse asistencia sanitaria urgente.
El perro de caza necesita una revisión completa
Después de una jornada, el perro puede regresar aparentemente limpio y llevar varias garrapatas escondidas bajo el pelo.
La revisión debe realizarse con las manos, separando el pelaje y recorriendo lentamente todo el cuerpo. Las zonas que merecen una atención especial son:
- Orejas y conducto auditivo externo.
- Alrededor de los ojos.
- Cuello y zona del collar.
- Axilas.
- Ingles.
- Espacios entre los dedos.
- Almohadillas.
- Base de la cola.
- Vientre.

Las garrapatas pequeñas pueden confundirse con una costra, una semilla o una irregularidad de la piel. Pasar los dedos lentamente ayuda a detectarlas.
No hay que olvidar revisar también collares, arneses, transportines, mantas y el interior del vehículo.
Cómo retirar una garrapata a un perro
El procedimiento es parecido al utilizado en personas: pinzas adecuadas, sujeción cerca de la piel y tracción firme y constante.
El perro debe permanecer quieto para evitar un tirón accidental. Cuando el animal no se deja manipular, la garrapata se encuentra en una zona delicada o existen muchas adheridas, lo más seguro es acudir a una clínica veterinaria.
Después de retirarla, puede limpiarse la zona con un producto adecuado para animales y observarla durante los días siguientes.
Si el perro presenta fiebre, apatía, pérdida de apetito, cojera, mucosas pálidas, orina anormalmente oscura o cualquier cambio significativo después de haber estado expuesto a garrapatas, debe ser valorado por un veterinario.
Antiparasitarios: no existe una única opción válida para todos
Los perros de caza necesitan una estrategia antiparasitaria adaptada a su nivel de exposición.
Existen collares, pipetas, comprimidos y otros tratamientos. No todos actúan de la misma manera, tienen la misma duración o resultan apropiados para cualquier animal. Algunos productos repelen al parásito, otros lo eliminan después de que se adhiera y algunos combinan varias acciones.
La elección debe realizarse con asesoramiento veterinario, teniendo en cuenta el peso, la edad, el estado de salud, la zona de caza y la frecuencia con la que el perro entra en el campo.
Tampoco deben combinarse productos por iniciativa propia. Mezclar tratamientos puede aumentar el riesgo de reacciones adversas sin mejorar necesariamente la protección.
Los veterinarios recomiendan utilizar antiparasitarios externos y mantener las revisiones manuales después de las salidas, ya que ninguna medida debe considerarse una protección absoluta.
El perro puede llevarlas hasta casa
Una garrapata puede permanecer suelta entre el pelo y desprenderse dentro del coche o de la vivienda.
Por eso es recomendable revisar al perro antes de permitirle subir a sofás, camas o zonas utilizadas habitualmente por la familia. También deben inspeccionarse sus mantas y el transportín.
Si se detectan garrapatas repetidamente dentro de casa, conviene consultar a un veterinario y valorar si existe una infestación ambiental que requiera medidas adicionales.
El perro no es culpable de introducirlas. Simplemente se mueve por el mismo entorno en el que se encuentran estos parásitos y ofrece multitud de zonas donde pueden esconderse.
Un pequeño kit que cabe en cualquier mochila
Para resolver una incidencia en el campo o al regresar al vehículo resulta útil llevar:
- Pinzas finas para garrapatas.
- Guantes desechables.
- Gasas.
- Antiséptico.
- Un recipiente o bolsa pequeña con cierre.
- Una lupa compacta.
- Una tarjeta con los teléfonos del centro de salud y del veterinario habitual.
Este material ocupa muy poco y evita recurrir a herramientas improvisadas.
Las pinzas deben guardarse limpias y protegidas. No sirve de mucho llevarlas durante meses en el fondo de la mochila, mezcladas con tierra, restos vegetales y cartuchos.
La última revisión forma parte de la jornada
Al terminar una salida, solemos limpiar el arma, guardar la munición, dar agua a los perros y comprobar las piezas cobradas. La revisión de garrapatas debería formar parte de esa misma rutina.
No hace falta convertir cada picadura en una alarma, pero tampoco restarle importancia.
Vestirse correctamente, utilizar repelente, examinar el cuerpo y revisar a los perros permite detectar la mayoría de las situaciones a tiempo. Y si una garrapata ya está adherida, saber retirarla sin aceite, alcohol, fuego ni tirones evita errores muy comunes.
Las garrapatas seguirán presentes en el campo. El objetivo no es salir con miedo, sino conocer el riesgo y actuar con criterio.
Porque una jornada de caza no termina al cerrar el coche. Termina cuando cazadores, perros y equipo han sido revisados y todo vuelve a casa en condiciones.
